Como empresa especializada en el mantenimiento de jardines en Alcobendas queremos dedicar este post del blog a repasar algunos conceptos básicos relacionados con esta tarea que ha de quedar siempre en manos de profesionales.

Empezamos con los árboles ornamentales. En este caso distinguimos entre 3 tipos de poda: de formación, de mantenimiento y podas excepcionales. La primera se acomete durante los primeros años tras haber plantado el árbol. El objetivo no es otro que conducirlo para conseguir una estructura de ramas principales fuertes y correctamente distribuidas y es imprescindible para que el mantenimiento de jardines en Alcobendas se realice de manera correcta. 

La poda de mantenimiento se hace cuando el árbol ya está formado y la copa se sitúa a cierta altura. Después se repetirá la tarea de forma periódica a lo largo de toda la vida del árbol o arbusto para ir eliminando elementos indeseables como ramas secas, tocones o chupones.

 Por último, las podas excepcionales no suelen estar recomendadas por los profesionales. De hacerse, el momento indicado es únicamente en caso de extrema necesidad para reducir el volumen de la copa de los árboles echando mano de una motosierra. A su vez, dentro de las podas excepcionales se distinguen dos tipos: terciado y desmochado. Lo primero es cortar todas las ramas del árbol dejando más o menos un tercio de su longitud. Por su parte, el desmochado es algo más radical porque se trata de cortar las ramas a ras del tronco. 

Como especialistas, lo mejor es seguir el calendario para no olvidar ninguna fecha. El momento más adecuado para podar es el invierno, mejor a finales para que el frío no sea muy intenso. ¿Por qué se poda en esa estación del año? La cuestión es que en primavera y en verano la savia que se fabrica en las hojas en más necesaria. Si podamos en esos meses provocaremos un parón en el crecimiento y el debilitamiento del árbol. Especies arbóreas como los abedules, los chopos o los nogales pierden mucha más savia si se les podan las ramas en primavera o verano. En el mundo de la jardinería se denomina “sangrar”. Otra de las razones para podar en invierno es que se ve mejor el armazón de las ramas y por lo tanto es más fácil seleccionar lo que ha de cortar y lo que no. 

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